- «¡Dios mío!»

- «¿Dios?»

- «O... Diosa mía o lo que sea... ¿me quiere usted volver loco?»

- «¡Hombre! ahora que llegábamos a dos que le son, seguramente, más conocidas...porque dicen que la Diosa-Madre tiene tres mil nombres conocidos.»

- «¿Más conocidas?»

- «La Demeter de Eleusis, la Ceres romana... La Ceres del rapto de Proserpina...»
Debí sonreír, porque mi interlocutor, casi por primera vez desde que empezó nuestra conversación, tomó aire y sonrió a su vez antes de seguir diciendo:

- «El rapto de Persefone por Plutón, que enamorado de ella, se la llevó con él a las entrañas de la tierra -o a los infiernos- en las que reinaba y el dolor que Demeter, su madre, había sufrido por ello, provocando, al mismo tiempo, al ser la Diosa de la agricultura, que se perdieran las cosechas y como consecuencia de ello una gran hambruna. Y de cómo, desesperada, le pidió a Júpiter que se la devolviese, decidiendo éste que Persefone pasase seis meses en la tierra -durante los cuales se produciría la primavera y el verano- y seis en el reino de las tinieblas, lo que produciría el invierno.»

- «La griega Démeter se vuelve Ceres en Roma y Persefone, se vuelve Proserpina - interrumpí yo- Esa es una historia muy bonita. Recuerdo un libro de mitología griega y romana con las tapas de cuero y el título en letras doradas, que me regalaron cuando yo tenía unos doce o catorce años. Aún lo conservo. Me fascinaba el Olimpo sus Dioses y sus Diosas. Hércules, cuyas columnas estaban a los dos lados del estrecho y cuyas grutas conocía yo casi palmo a palmo. Fue por esa época que vi la película "Fantasía" por primera vez. Mientras que mis héroes mitológicos eran vigorosos personajes de carne y hueso, Walt Disney, le puso de adorno a la sexta sinfonía de Beethoven, unos faunos y unas ninfas en dibujos animados que competían en trivialidad, con un centauro, cupiditos, un Baco totalmente borracho, un Vulcano lanzándole rayos. Me parece que al final, aparecía Apolo cruzando los Campos Elíseos en un carro tirado por tres caballos, mientras caía la noche. Aquella representación ñoña del Olimpo, me desagradó mucho. No tenía nada que ver con la manera como yo había imaginado el rapto de Proserpina, la ira de Ceres, su desesperación por encontrarla, el invierno resultante, la gloria del resurgir de los campos en la primavera...»

- «...Que dio lugar a los misterios eleusinos -terció mi contertulio- en la época de las ciudades-estado. Eleusis a unos treinta kilómetros de Atenas, celebraba unas celebraciones estrictamente femeninas, que a la vez de rememorar las vicisitudes de Demeter y de Persefone, se convertían en auténticas ceremonias de iniciación para las jóvenes elegidas.
Los misterios eleusinos obligaban bajo pena de muerte a mantener el secreto de lo que en ellos sucedía. Esquilo, oriundo de la comarca, fue víctima de ello, pues se creyó que había develado parte de las ceremonias en una de sus obras teatrales, y pudo haber sido condenado a muerte. Es por eso que no se conocen muchos detalles, sin embargo, se sabe lo suficiente para reconstruir, por lo menos en parte aquellos ritos.»