- «¡Ni mucho menos! Antonio Gala ha resultado, para mí, un guía invalorable en casi todo lo que tiene que ver con Andalucía, pero aunque conozco su costumbre y sé que en alguna de sus obras de teatro ha dejado la oración que le reza -y siempre a la luna creciente- y que aprendió la oración de los indios caracas (71) , ni siquiera me ha llamado la atención buscarla entre sus libros. Sin embargo me intriga que en su finca andaluza mantenga un centenar de vírgenes sencillas, de barro pintado, de aquellas que las abuelas tuvieron siempre cerca (yo mismo guardo una Purísima que estuvo, hasta su última noche, en la mesita de noche de mi madre, junto a una lata viejísima -de aquellas de chocolates ingleses, con la tapa redonda y que contenía polvos de talco y una mota de franela muy suave dentro. La polvera la llamábamos). La tapa, por cierto tenía una especie de paisaje nocturno con unos árboles y una luna llena...»

- «Un altar... ¿una especie de retablo es lo que tiene Gala?»

- «Un iconostasio lo llama él (72) . Y dice que las vírgenes se dan codazos y empujones. Y que eventualmente echan a alguna intrusa de donde él la ha puesto y termina en el suelo hecha añicos. Es que es muy exagerado. Andaluz ... claro.»

- «Antonio Gala ha escrito mucho sobre el Rocío...»

- «Antonio Gala ha escrito mucho sobre muchas cosas... y muy bien. Y efectivamente sobre el Rocío también. Gala ha dicho cosas imprescindibles en el análisis de la semana santa "... no en balde se está bajo las lunas claras de la primavera, cuando las jóvenes diosas de todas las religiones retornan al mundo, desde los infiernos, triunfantes y deslumbradoras. No en balde las más jaleadas dolorosas se llaman Esperanza...". Y algo absolutamente fundamental cuando se habla del Rocío: "...El Rocío -como todo lo humano, y el hombre también- es una embriagante mezcla de sagrado y sacrílego, de carnalidad y espiritualidad, de la penitencia del camino y el desmadre de la llegada. El viaje -igual que cualquier viaje, el de la droga incluido- es una forma de ascesis. Y el Rocío -así el paraíso para Blake- no es un lugar geográfico, sino un estado de percepción. Quien no la logre, da igual que esté allí físicamente: regresará sin haber bebido: triste cosa..." (73)»

- «¿Ha sido esa frase una "guía invalorable" como lo llama usted refiriéndose a la obra de Gala?»

- «No. Yo esa frase la leí, una noche, desvelado, justamente en la aldea de Rocío. Duermo poco y me despierto temprano, así que aquella noche, para no molestar a mis compañeros de cuarto -otros cinco hombres en tres literas en un cuarto diminuto- leía yo a Gala con una linternita tomada entre los dientes... Pero para entonces hacía yo mi segundo camino y ya llevaba seis o siete años investigando, a la distancia, lo extrañamente mágico del Rocío. Yo empecé por descubrir que había "algo" debajo de unas letras que me parecían casi heréticas en las sevillanas rocieras.»

- «¿Heréticas?»

- «Sí. En la manera de dirigirse a la Virgen. En la mal escondida sensualidad de los términos usados. En la frescura campesina de quienes se declaraban perdidamente enamorados de ella...»

- «Frescura... ¿pagana?»

 (71) “...Yo tengo la costumbre de rezarle a la Luna. Quizá por temor: siempre se reza en el fondo a lo que se teme. Al Sol yo no le rezaría: si yo fuese pagano, sería adorador de su evidencia. Pienso a menudo que las dieciséis cosa que le pido a la Luna no se las pido con el fin de que me las conceda, sino con el de tenerla distraída no concediéndomelas y así evitar que me haga otros daños peores...” Ahora hablaré de mi. Antonio Gala. Editorial Planeta. 5ª edición mayo 2000, pág. 210. (ISBN: 84-08-03497-9)     regresar al texto

(72) “..En La Baltasara tengo un iconostasio. Dentro de una taca grande en la pared de mi dormitorio, se han ido acumulando alrededor de un centenar de vírgenes. Son de barro cocido y de factura muy popular. Su tamaño es pequeño, de diez a quince centímetros, aunque las hay mayores. Se trata de imágenes patronas de tal o cual lugar. Comenzaron la historia de esta comuna la imagen de la Virgen del Rocío, la de la Victoria de Málaga, y una muy pequeña, de las Angustias de Granada a la cual sus devotos llaman la Planchadora. Esta última se erigió en dominante...” Ahora hablaré de mi. Antonio Gala. Editorial Planeta. 5ª edición mayo 2000, pág. 216. (ISBN: 84-08-03497-9)
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(73) Ahora hablaré de mi. Antonio Gala. Editorial Planeta. 5ª edición mayo 2000, pág. 381. (ISBN: 84-08-03497-9)
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