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- «Andaluz al fin y al cabo... y desde el principio. Dijo Carlos Cano alguna vez: «Soy andaluz por nacimiento, por sufrimiento, por sensibilidad, por necesidad, y por compromiso.» (78) Muchos suscribiríamos esas palabras sin dudar ni un instante. Y viene a cuento aquello de lo que yo considero la guía invalorable de Gala a la que se ha referido usted como poco disimulada sorna hace poco...» - «Pues explíquese usted.» - «Dice Gala que el andaluz que por tener mucha cultura aprendida olvide que su cultura madre es la de un campesino andaluz, está perdido. Y Gala distingue dos tipos de cultura: la que llama consanguínea y congénita, y la que es consecuencia de estudios, viajes, títulos y contacto con otras culturas.» (79) - «O sea que usted, en el fondo, no es más que un campesino andaluz.» - «¡Dios lo quiera! O... Diosa.» - «Pero eso no es cierto. Tiene usted demasiadas horas de vuelo, demasiados aeropuertos cosmopolitas con sus Duty Free llenos de las mismas cosas inútiles, demasiadas salas de conferencia con traducción simultánea, demasiadas discusiones en idiomas que no son el suyo, demasiados restaurantes exóticos, para venir ahora a dárselas de campesino...»
- «Uno vive la vida que le ha tocado vivir, lo mejor que puede. Sin embargo hay algo genético
quizás, algo que atrae como un imán. Se baja uno de un avión que lo devuelve a casa después de
una semana extenuante de negociaciones en un idioma ajeno, y a tientas, busca en el coche el
disco que se quedó puesto. Y apenas suenan los primeros compases de la última copla que oyó
antes de irse, siente que vuelve a estar en su piel. Y que el campesino asustado que se ha
pasado la semana agazapado detrás de un disfraz, se relaja y se emociona. Y lo sabe uno porque
se le humedecen los ojos... - «Pero en cada vuelta a Andalucía...» - «En cada vuelta a Andalucía se refrescan y vigorizan las raíces. Se recupera un talante y un semblante. Por bien que viva uno lejos, por acostumbrado que se esté, una mujer gesticulando con las manos delante de la cara de la otra, solo para enfatizar lo que dice, un sonido, un habla, un olor en las calles y en los campos, un sol que pica y broncea casi sin quemar, un olor de puerto pesquero, un viento de levante... miles de cosas -todo- te devuelven como al útero materno. A una pertenencia y a una militancia. Y se llenan los tanques de oxígeno...De una especie de oxígeno que huele a romero y a tomillo, como huelen los campos en primavera. Y a mirto y a boj, como huele -invariablemente- la Alhambra. ¿Lo aburro?» |
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Entrevista en El Ideal de Granada el 21-05-82
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