- «No termino de entender lo de la idolatría... pura de oliva.»

- «Es que no he terminado de explicarlo.
Vea usted... Le daré algunos ejemplos. Federico García Lorca, en una carta que mandó a sus padres desde Nueva York en 1929, les narraba su experiencia en una iglesia protestante y se asombraba, días después, de la frialdad -contagiada de los protestantes según él- de una misa católica apostólica y romana. Reconocía, por comparación "lo prodigioso de un cura andaluz diciendo una misa" y la personalidad, poesía y belleza que hay en "el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la Virgen. (107)"
El escritor y periodista Antonio Burgos felicitaba a un amigo sacerdote al que habían cambiado de una pequeña y barroca iglesia de barrio a una de una zona residencial, de moderna arquitectura. El cura le respondió "No creas que debes felicitarme. Mira, antes, por la mañana, cuando llegaba a mi iglesita barroca, abría la puerta, encendía la luz, y me daba cuenta de que allí estaba Dios. Pero ahora, hijo, llego para decir misa de 8, abro, enciendo la luz, y al contemplar aquello, no veas los esfuerzos de fe que tengo que hacer para seguir creyendo que allí está Dios... (108)  "
Y también Burgos, devoto de la Macarena y del Gran Poder, explica cómo las mujeres le toman las manos y le hablan de tú. Como a un hijo (109).
Américo Castro explicaba, o más bien confirmaba, que quienes se meten debajo de un paso de palio para llevar una imagen "la convierten en sustancia de su mismo vivir y sufre por ella trabajos y penalidades" . Y que seguramente ni creen ni aprueban lo que manda la Iglesia "porque ni siquiera están enterados de ello" (110).
Pero sin duda quien mejor ha sintetizado esta situación es el sacerdote escolapio Enrique Iniesta (que dijo alguna vez que el andaluz fue musulmán pero no tanto, fue judío pero no tanto y es cristiano pero no tanto): "...Aquí Dios no es un triangulo con mucho ojo en medio sino un hombre que sangra y resucita. Aquí creer los dogmas se hace, con los poemas mucho más soportable.
Andalucía es un modo de creer en una religiosidad popular inasible, incontrolable, desbordante, incomprendida porque es incomprensible. Como la aceituna, para cuya recogida no hay máquina inventada...".
(111)
Vaya usted a visitar iglesias andaluzas. Fíjese en las tallas, en los cristos y en las vírgenes. Para quienes no están acostumbrados a verlas, son imponentes -incluso puede que desagradables-, serias, conmovedoras, auténticas y sobre todo reales en lo humano hasta niveles de desgarro. Quien va a pedir amparo, entiende que "alguien" con esa expresión de sufrimiento, de beatitud o de amor, sea natural, y exista. Porque es como él mismo. Y de chico ya le habían dicho aquello de Dios y hombre verdadero.
Vaya a ver al Cachorro de Triana. Dicen que el escultor capturó la expresión de un gitano que, muriendo de una puñalada, agonizaba en un callejón delante de él. Vaya a casi cualquier iglesia pequeña y antigua, se dará un baño de realismo religioso andaluz. Lo dice muy claro Antonio Burgos: "...Y es que Dios, por primavera, cada año viene a esta plaza para enseñarle sus manos a aquel que quiera besarlas y ver que Dios tiene manos, tiene unas manos humanas... Y es porque Sevilla estrena, para Él, Semana Santa." (112)»

- «Pero todo eso es antihistórico. Es una interpretación muy particular... Los hombres se imaginan a los dioses engendrados como ellos y revestidos de las mismas formas decía Jenofanes (113), un filósofo griego quinientos años antes de Cristo»

(107)  Figuraos vosotros una iglesia que en lugar de altar mayor haya un órgano y delante de él un señor de levita (el pastor) que habla. Luego todos cantan, y a la calle. Está suprimido todo lo que es humano y consolador y bello, en una palabra. Aún el catolicismo de aquí es distinto. Está minado por el protestantismo y tiene esa misma frialdad. Esta mañana fui a ver una misa católica dicha por un inglés. Y ahora veo lo prodigioso que es cualquier cura andaluz diciéndola. Hay un instinto innato de la belleza en el pueblo español y una alta idea de la presencia de Dios en el templo. Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo que es una misa en España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la Virgen son en España de una absoluta personalidad y de una enorme poesía y belleza. Federico García Lorca. Carta a sus padres del Domingo 14 de Julio de 1929, desde Nueva York. Obras completas Tomo III, pág 830. M. Aguilar Editor S.A, de C.V. (ISBN 968-19-0127-4)     regresar al texto

(108) "...Don José era el cura coadjutor de una iglesia barroca de barrio, hermosa de dorados y retablos de columnas salomónicas, donde hizo tan buena labor pastoral, que el arzobispo lo nombró párroco de un templo en una zona residencial. El nuevo destino era uno de esos templos que dejó la moda arquitectónica postconciliar, a lo Fisac, mixtos de garaje y hangar de aeropuerto, que vistos desde fuera pueden parecer un hipermercado, un instituto... Todo menos una iglesia. Y cuando me encontré a don José tras su ascenso y traslado y lo felicité, me dijo, muy apenado:
-- No creas que debes felicitarme. Mira, antes, por la mañana, cuando llegaba a mi iglesita barroca, abría la puerta, encendía la luz, y me daba cuenta de que allí estaba Dios. Pero ahora, hijo, llego para decir misa de 8, abro, enciendo la luz, y al contemplar aquello, no veas los esfuerzos de fe que tengo que hacer para seguir creyendo que allí está Dios...
A mí en materia de fe me pasaba como a don José con su nuevo templo postconciliar. Creer en Dios no es difícil en la tierra donde vivo. Sé que voy a una plaza de recuerdos de golondrinas de Bécquer y tengo la seguridad de que me voy a encontrar allí al Gran Poder de Dios. Sé que acudo junto a una vieja muralla que dice la leyenda que construyó Julio César en persona, y que allí, Gioconda a lo divino, tengo la seguridad de que me encuentro con la Madre de Dios. Pero una cosa es creer en Dios, y otra muy distinta es creer en la Santa Madre Iglesia. Ahí si hay que hacer algunas veces tan grandes esfuerzos como don José el cura al abrir su iglesia-hangar. O más todavía..." El Recuadro. Antonio Burgos. El Mundo, lunes 17 de enero del 2000 (http://www.antonioburgos.com/mundo/2000/01/re011700.html)
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(109) Te fijas que las mujeres al Señor van y le hablan. Él está allí, tan humano, que hasta parece escucharlas, que está de pie aquí en Sevilla, sus dos pies ¡qué bien los planta! Y una madre le decía, aún escuchas sus palabras: "Muchos años, Hijo mío, tus manos quiero besarlas." Que venga la Teología y rompa aquí la baraja, que las madres llaman Hijo al Padre del sol y el agua; todas le cogen las manos como a un hijo que se marcha a unos trabajos muy grandes o a unas tierras muy lejanas. Recogido en el libro "Sevilla en cien recuadros" . La manos del Gran Poder. Antonio Burgos
(www.antonioburgos.com)
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(110) "... El supersticioso lo es movido por el daño o provecho que fuerzas incognoscibles e indominables puedan causarle; (en cambio) el portador de una imagen sevillana se une totalmente a su "superstición", la convierte en sustancia de su mismo vivir y sufre por ella trabajos y penalidades. No pienso, huelga decirlo, que muchos de los "católicos" que intervienen en las procesiones de Sevilla crean y aprueben cuanto manda creer la Iglesia, entre otras razones porque lo ignoran..."
..." España en su historia. Cristianos, moros y judíos. Américo Castro Grijalbo Mondadori. Pág.101(ISBN 84-253-2915-9)
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(111) Retrato al vivo ¿Cómo son los andaluces? Enrique Iniesta Coullaut-Valera pág. 39. (ISBN: 84-86810-82-5)
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(112) "...Viendo al Señor se diría que este Señor tiene alma, del modo con que lo miran esas madres sevillanas; del modo con que un hermano, silencio hasta en la mirada, le va limpiando esas manos con una telita blanca. Son manos que han trabajado, son manos dignificadas por el dolor de la vida, manos de muelle o de fragua, de tejar, manos del campo, de San Julián o Triana, manos que tanto Poder tienen por la madrugada que pasan por el Postigo y el amanecer levantan.Y es que Dios, por primavera, cada año viene a esta plaza para enseñarle sus manos a aquel que quiera besarlas y ver que Dios tiene manos, tiene unas manos humanas... Y es porque Sevilla estrena, para Él, Semana Santa..." Recogido en el libro "Sevilla en cien recuadros" . La manos del Gran Poder. Antonio Burgos (www.antonioburgos.com)
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(113) Jenófanes nació hacia el año 570 antes de Cristo en Colofón, una ciudad costera de Asia Menor, se estableció y fundó la escuela de filosofía de Elea, en Grecia, a la que pertenecen Parménides y Zenón. Reaccionó ante la religión que enmascaraba en su forma y en su uso determinados intereses. Esta relativización de las creencias era también, frente a un posible pensamiento dogmático, una manifestación más de inteligencia y libertad: "Los etíopes sostienen que sus dioses son chatos y negros y los tracios que tienen azules los ojos y son rubios como ellos".
"Pero es que si los bueyes, caballos y leones pudieran tener manos y pintar con ellas como los hombres, los caballos pintarían a sus dioses como caballos y como a bueyes los bueyes"
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